En la segunda mitad de la vida, lo que importa ya no es cuán grande es la casa en la que vives, qué tipo de coche conduces, o cuán brillante es tu círculo social, sino no tener ansiedad, no tener enfermedades, no quejarse, y no ser atormentado por el insomnio. Un cuerpo saludable, una mentalidad estable, y el valor de aprender a soltar, son las riquezas más valiosas en la vejez.

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