Las personas siempre hacen diversas promesas en los momentos más difíciles, esperando recibir ayuda, porque la situación presente es suficiente para hacer que no puedan pensar con claridad, en ese momento no tienen fichas para sopesar ventajas e inconvenientes. Una vez que superan esa etapa, cuando tienen el control de la situación y la opción de elegir, ya no suplican en voz baja a los demás; en ese momento, mantener la dignidad y proteger los intereses son realmente lo más importante, además, los deseos y la codicia los impulsan a no abandonar fácilmente los beneficios ya obtenidos. Por lo tanto, solo hablo de asuntos concretos con quienes tienen fichas en mano, no confío en ninguna promesa futura de nadie. Y hay otra cosa que también es muy importante: las personas nacen con la tendencia a engañar, no puedes juzgar con certeza quién dice la verdad y quién miente, por lo que la mejor estrategia es prepararse para lo peor y luego decidir si involucrarse o no; todos los que han sufrido grandes pérdidas en este aspecto, no han experimentado el sabor de ser engañados, no conocen la fealdad de la naturaleza humana, y una vez que lo entienden, ya no se atreven a confiar.

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