La personalidad en sí misma no tiene ni correcto ni incorrecto, no importa cómo te comportes, siempre habrá quienes te quieran y quienes estén insatisfechos.


Las personas sensibles pueden ser consideradas débiles, las decididas pueden ser acusadas de ser dominantes, las innovadoras pueden parecer extrañas, y las personas racionales pueden ser malinterpretadas como frías, incluso la bondad puede atraer envidias innecesarias.
La evaluación de los demás ya es inestable y a menudo contradictoria.
Las personas verdaderamente maduras no toman estas voces externas como la medida de sí mismas.
No necesitas estar constantemente preocupado por “en qué no eres lo suficientemente bueno”, porque por muy perfecto que seas, no podrás complacer a todos.
Esto en realidad es una norma.
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