Una persona que realmente ha visto el mundo es aquella que, después de entender la complejidad del mundo y la realidad de la naturaleza humana, mantiene calma y amabilidad: puede aceptar las diferencias, no juzga fácilmente, no sobreestima las relaciones ni pierde su línea de fondo; ante los asuntos, es serena, modesta y humilde, disfruta de la soledad y también evita las molestias inútiles; no se aferra a las ganancias y pérdidas, sigue el curso natural de las cosas; incluso al comprender las sutilezas del mundo, elige la bondad y la pureza; finalmente hace las paces con las lamentaciones, acepta la imperfección y vive en paz con la vida.

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