Publicar

#OpenAI ha puesto la inversión en IA en Australia y la ley de derechos de autor en la misma mesa de negociación.


Los ejecutivos de la empresa fueron muy claros: si no cambia la legislación vigente sobre derechos de autor, OpenAI no construirá en Australia un centro de entrenamiento de modelos, ni tampoco las instalaciones de energías renovables asociadas.
La línea roja del Gobierno australiano también está clara: si la IA se entrena con libros, música, arte y noticias locales, los creadores deben tener control, incluido el derecho a fijar el precio de sus obras. Un líder de la oposición fue aún más directo y calificó de «chantaje» la postura de OpenAI.
No conviertas «no construir» en «retirarse»: la colaboración para un centro de datos de OpenAI anunciada previamente por Australia es otro MoU que sigue avanzando y no equivale al centro de entrenamiento del que se habla aquí.
Lo realmente difícil de negociar en esta disputa no es dónde se construirá el centro de datos, sino quién fijará el precio de las obras.
Las empresas, por supuesto, pueden decidir si invierten o no;
los países también pueden decidir no intercambiar los derechos de los creadores por promesas de inversión.
Cuando la capacidad de cómputo se convierte en moneda de cambio en una negociación, ¿quién debe trazar los límites de los derechos de autor?
Ver original
post-image
Esta página puede contener contenido de terceros, que se proporciona únicamente con fines informativos (sin garantías ni declaraciones) y no debe considerarse como un respaldo por parte de Gate a las opiniones expresadas ni como asesoramiento financiero o profesional. Consulte el Descargo de responsabilidad para obtener más detalles.


Añadir un comentario
Añadir un comentario

Comentar
Sin comentarios