La verdad, encontré un fenómeno bastante interesante: la pérdida y la ganancia flotante, y en realidad quien más tortura no suele ser el tamaño de los números, sino esa tensión de “he perdido y no me resigno”, o cuando ganas “y tienes miedo de que se escape”. Total, cuando últimamente estuve mirando la pantalla, en cuanto aparecía la pérdida flotante, por dentro me quedaba todo hecho un nudo; incluso a mitad de la noche tenía que dar vueltas en la cama pensando: ¿y si me equivoqué en mi判断? Pero cuando había ganancia flotante, curiosamente dormía bastante tranquilo, quizá porque la palabra “ganar” en sí misma ya trae una sensación de seguridad. No sé si esto cuenta como aversión a la pérdida, pero tengo la impresión de que las emociones colectivas son las que marcan la dirección: la gente siempre aguanta a muerte cuando está en pérdidas, y cuando está en ganancias se marcha temprano; al final, todo acaba en un desastre. Justo hace poco vi que en cierta región ajustaron políticas sobre entradas y salidas de fondos, y mucha gente empezó a entrar en pánico, con miedo a que el dinero no pueda entrar o no pueda salir. Pero cuando se altera esa expectativa psicológica, entonces más razón para mantenerse frío y pensar: no sigas la corriente hasta el último segundo; quizá el punto de inflexión esté justamente cuando las emociones están en su extremo más alto. En cualquier caso, mi manera de hacerlo es tratar la pérdida flotante como una lección, y la ganancia flotante como una sorpresa inesperada; así al menos puedo dormir bien.

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