Las fragmentaciones paralelas están bastante de moda últimamente y se habla mucho de ellas; todo tipo de planes y mapas de ruta suenan a gloria. Pero, siendo honestos, cuando miro esos nuevos protocolos, mi primera reacción sigue siendo: **¿qué tal está la seguridad de los activos? ¿Está claro el camino de salida?**


La lección de aquella vez en que se vino abajo la cadena de juegos fue demasiado profunda: cuando se rompió el modelo de inflación, los estudios y los inversores minoristas se fueron a la ruina juntos, el precio de la moneda entró en una espiral hacia abajo y al final hasta la liquidez se quedó literalmente seca. Que sea “ruidoso” no cambia el fondo: el dinero que pones, ¿puede retirarse de forma digna cuando las cosas se tuercen?

No me arrepiento de que, en los primeros días, en algunos proyectos de estas segmentaciones, me obligué a dibujar primero una especie de “diagrama de papel plegado”: puntos de entrada, disciplina para promediar o añadir, señales de retirada; paso a paso lo fui formando antes de actuar. Ahora que lo miro, esas “hojas” siguen siendo más útiles que cualquier whitepaper.
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