Hablemos de algo interesante. Eso de los tokens de gobernanza, dicen que es “autonomía de la comunidad”, pero en la práctica, cuando se implementa el sistema de votación por delegación, termina pareciéndose más a un juego de oligarquía: los grandes holders delegan sus votos en unos cuantos protocolos, mientras que los pequeños no votan porque les da pereza o votan pero no sirve para nada. Al final, el poder de decisión queda concentrado en manos de muy pocos. La verdad es que a veces reviso propuestas y encuentro unas tasas de participación tan bajas que dan pena; de verdad con influencia son solo un par de equipos. Y eso rompe un poco con la intención original de “descentralización”.



Lo de las regalías de NFT recientemente también es bastante divertido: los creadores y las plataformas discuten sin parar; por un lado dicen que quieren proteger sus ingresos, y por el otro miran de cerca la liquidez. En realidad, la lógica de fondo es parecida: dentro de la estructura de gobernanza, ¿los tenedores del token deberían representar a quién? ¿A los grandes que mantienen tokens o a los usuarios del protocolo? En mi opinión, si el derecho de voto está demasiado atado al volumen de capital, entonces lo “gobernado” puede que sea el capital, no la comunidad.

Se arma la “ventana” con colores, pero la luz no puede atravesarla; entonces se rompe.
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