Vaya, cuando llega la época de presentar la declaración de impuestos a fin de año, da dolor de cabeza. En ocasiones anteriores era todo cuestión de última hora: buscar direcciones de billeteras, exportar los registros de transacciones desde Cex… y recién ahí me daba cuenta de que algunas tasas de gas por interacciones on-chain no habían quedado con el respaldo correspondiente, y era un caos total. Ahora ya aprendí: después de cada operación, hago capturas de pantalla de inmediato, o uso alguna herramienta de contabilidad; aunque sea resumiendo una vez por semana durante cinco minutos, me ahorro la locura de fin de año.



La verdad, últimamente veo a esos jugadores veteranos aconsejar a los recién llegados que no se hagan cargo de la “última vuelta”, y también tiene bastante sentido. En la declaración, si esa ganancia flotante no termina en el bolsillo, al final tienes que tributar con la tasa impositiva más alta… y eso sí que es perder. Lo que más me asusta no es perder dinero, sino que, habiendo ganado, terminen cobrándome de más por falta de registros completos. Esa sensación de impotencia es peor que un desplome del mercado.
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