Me puse a revisar noticias antiguas de la última carrera alcista, justo cuando empezó el desanclaje, y de pronto sentí que ahora mirar la transparencia de las reservas de las stablecoins es como ver una vieja película en repetición. En papel, con tinta negra sobre blanco, dice “auditado”, pero en el fondo la gente igual entra en pánico; ante cualquier rumor o movimiento, se corre a hacer retiros. En pocas palabras, la confianza es algo bastante frágil: no solo tienes que demostrar que estás limpio, sino que tienes que lograr que te crean—y eso, en realidad, es más difícil que estar limpio.



Recientemente, en algún lugar subieron impuestos: la normativa va y viene entre más estricta y más laxa, y mucha gente empezó a preguntarse si el canal para entrar y salir de fondos se está volviendo más estrecho. Al final, yo lo veo así: esos libros contables “transparentes” en la cadena se ven reales y sólidos, pero si llega la inquietud y el pánico, ¿quién va a estar pensando en tus reservas? Primero corres, ya luego. Es el sesgo del superviviente: recordamos lo que no salió mal; lo que sí salió mal queda olvidado en algún rincón.

Seguiré revisando noticias desde fuera de la gran muralla. Este ciclo narrativo suena bastante familiar.
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