Cuando el gas está alto, yo me quedo apostado en el mempool, viendo cómo las transacciones se ponen en cola como el metro en hora punta: sube el precio y subes primero al vagón, y el que paga un gas más pequeño tiene que esperar a que lo vayan apartando. La verdad, últimamente el tema de los flujos de capital de los ETF está bastante alborotado; cuando la preferencia por riesgo en EE. UU. se mueve, del lado cripto también se tiembla. Y al final en el mempool pasó al revés: los grandes empiezan a pujar con más gas para salir corriendo, mientras que el poco gas de los minoristas es como ir en bici compartida por el carril rápido, medio atascado y sin poder avanzar ni un paso en horas. Probé una transacción: configuré un gas “de nivel medio”, y aun así vi cómo otros se colaban. Mi orden se sacaba y se volvía a meter repetidas veces, como un paquete que nadie quiere. Al final, ya cansado de esperar, hice cancel directamente; la comisión se fue en vano. Me dolió, pero no hay otra. Total, ahora que miras el mempool y la cola, se ve clarísimo quién manda y quién aguanta, casi como la economía macro: quien tiene más dinero, manda. Mira a esos robots que pelean por MEV: ponen el gas como si fuera gratis. Ellos juegan con la diferencia de información; nosotros jugamos con el corazón en la mano. En fin, a esperar el próximo bloque; paciencia.

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