刚 volví a ver que a alguien le robaron; incluso si metes la frase semilla en una web falsa, también se puede perder, vaya. La verdad: esas páginas de phishing cada vez se parecen más a las reales; a veces incluso yo no logro distinguirlas, salvo que antes de abrir el enlace me guiñe el ojo y mire el dominio. En fin, ahora me he creado el hábito: antes de firmar una autorización, me pregunto una cosa: ¿yo esto lo conozco? Si no lo conozco, tómalo como si fuera un pendrive que recogiste en la calle; no lo enchufes.



Hablando de herramientas de datos on-chain, últimamente no es que alguien se queje de que el sistema de etiquetas va con retraso, ¿no? Yo, en cambio, creo que esas etiquetas solo sirven para entretenerse; si las tomas como un cortafuegos, es demasiado ingenuo. Los datos pueden engañar; el phishing aún más. Si vas a confiar en los datos, mejor confía en mirar un poco más por ti mismo.

De paso, una analogía de la vida: la firma de autorización es como si le dieras a alguien una llave de tu casa, con la excusa de “solo para echar un vistazo”; pero la persona termina vaciándote todo. Tú crees que es como “te presto un power bank”, pero en realidad has firmado una especie de contrato de servidumbre. No codicies esos airdrops de la nada: el “pan” que cae del cielo, la mayoría de las veces, es una “trampa” hecha de hierro.
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