La verdad, últimamente he revisado los registros de votación de varias propuestas de gobernanza y me dio un bajón de golpe. Los grandes tienen los votos delegados bien apretados, y las migajas de los pequeños inversores ni siquiera pueden levantar una ola. En el fondo, la llamada “gobernanza descentralizada” sigue siendo el reparto del pastel entre grandes tenedores e instituciones. Al mirar aquellas propuestas con tasas de participación tan miserables, de verdad siento que el token de gobernanza no gobierna a la comunidad, sino que funciona como una línea de defensa psicológica para los tenedores.



Antes, cuando la gente se quejaba del MEV y del ordenamiento injusto, yo pensaba que quizá yo estaba siendo demasiado sensible. Hasta que vi varias veces los datos reales de delegación: entendí que la mayoría de los votos delegados de los pequeños inversores se concentra en los nodos principales, y esos nodos tienen relaciones estrechas con las partes del protocolo. La votación no es para expresar una intención: es para alinearse.

En fin, quizá yo solo soy un observador de ritmo lento y no me corresponde participar en un juego tan “avanzado”. Pero a veces igual pienso: si algún día la delegación de verdad pudiera fluir hacia los participantes comunes, en lugar de concentrarse en unos pocos nodos grandes, quizá esa sensación de que “votar sirve” me haría seguir en este círculo. Por ahora, así lo dejo. Pensar de más cansa.
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