Los sistemas de tareas tipo “rascar el pelo” que estás usando se hacen y se deshacen sin parar; cada vez se parecen más a marcar la hora en el trabajo. Tomas una tarea, y de pronto hay puntuaciones, detección de “mejores” (anti-fraude), y encima tienes que rellenar un montón de formularios: se siente más pesado que escribir el informe semanal. En fin, me da bastante rechazo este tipo de operación mecánica; han convertido el “gratis” en una especie de cinco seguros y un fondo de vivienda.



La verdad, prefiero invertir mi energía en revisar el “grifo” de protocolos nuevos, a ver si hay miel de verdad. En el mercado, esos flujos de tareas complejos, dicho sin rodeos, solo están poniendo barreras a los usuarios; en cambio, es más fácil pasar por alto los problemas de seguridad. Últimamente los enlaces de phishing van a todas partes, los monederos de hardware se han agotado: tú haces un “airdrop” y encima tienes que protegerte de que te roben la dirección. ¿No es una molestia?

Yo considero lo complejo como un enemigo, así que mientras se pueda, que sea sencillo; no dejes que una plataforma de tareas te lleve de la mano.
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