Anoche a deshoras volví a mirar algunas posiciones en proyectos de privacidad y voy en pérdidas flotantes de casi un 20%; la verdad, me cuesta dormir. No es que tema que todo llegue a cero, es más bien esa sensación de impotencia de “el modelo de valoración dice que está bien, pero es el sentimiento del mercado el que te arrastra”. Cuando estás en ganancias flotantes, como mucho te regalas una alegría en secreto; cuando estás en pérdidas, se siente como astillas de vidrio pegadas en la piel: cuanto más te mueves, más pincha.



Últimamente en la comunidad se está discutiendo con fuerza el límite regulatorio entre las privacy coins y los mezcladores. Hay quien dice “la tecnología no es culpable, las herramientas no son culpables”, y otros que directamente insultan “canales de dinero sucio”. Yo tampoco sé explicarte con claridad quién tiene razón, pero al ver ese ambiente de blanco o negro en el debate, paradójicamente me siento más lúcido: no me atrevo a comprar más, pero tampoco me atrevo a vender con pérdidas; de momento lo dejo aquí para observar en frío.

Total, la aversión a las pérdidas, en el fondo, es que el cerebro es mucho más sensible al dolor de “perder” que a la alegría de “ganar”. Lo que puedo hacer ahora es no dejar que las emociones me empujen a moverme al azar. Por ahora, así queda: sigo mirando los datos.
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