Acabo de revisar una ronda de la tabla de líderes de “social mining” por puntos y la verdad cansa un poco. Te soy sincero: esos emblemas y la identidad, cuando los consigues te alegra cinco minutos, y luego ya no queda nada; encima tienes que seguir haciendo para que no te baje el ranking. Total, últimamente estoy en modo zen: prefiero ahorrar un poco de gas y cruzar cadenas para ver qué están tramando esas redes modulares.



Hablando en serio, la movida de las blockchains modulares entusiasma bastante a los desarrolladores: la capa de DA, el muestreo de disponibilidad de datos… vi algunos whitepapers y se me fueron los ojos. Pero si le preguntas a un usuario normal, ellos probablemente solo dirían: “¿y entonces qué? ¿puede hacer que mis transferencias vayan más rápido?”. En resumen, ahora la narrativa está un poco descoyuntada: los protocolos se arman como un rompecabezas de componentes, y los usuarios solo se preocupan por si hay monedas en su wallet.

No es que no se deba jugar con los puntos, pero no te vacíes el tiempo por esa vanidad. Antes tenía una cuenta: para conseguir un emblema de gobernanza de un DAO, estuve tres días esperando para votar; el proyecto cambió las reglas y los puntos se fueron a la inflación. Ya está: ahora me quedo como observador curioso, y a ratos miro datos on-chain. Por ejemplo, ayer en una interacción de algún contrato, resulta que una dirección para cada mint solo gastaba 0,00001 ETH. Ni sé si es un bot o si fue un despiste de humano.
ETH-0,99%
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