El conflicto entre Irán y EE. UU. continúa con una implacable oleada de ataques, ya en su séptima noche, y los acontecimientos de la semana pasada dibujan un panorama verdaderamente sombrío en toda la región, tanto humanitariamente como en lo económico.


La situación sobre el terreno se ha ampliado significativamente. Anoche, Estados Unidos atacó seis puentes en la costa sur de Irán, incluido la ciudad portuaria clave de Bandar Abbas, que vigila el Estrecho de Ormuz, matando al menos a ocho personas durante la noche. Irán respondió continuando ataques contra sus aliados kurdos en Irak, matando al menos a ocho personas, y golpeando una planta de tratamiento de agua en Kuwait, lo que pone de relieve la vulnerabilidad de la seguridad hídrica en la región. El Departamento de Estado de EE. UU. instó a los ciudadanos estadounidenses a reconsiderar sus planes de viaje a Oriente Medio, señalando que el entorno de seguridad es “complejo y conlleva el potencial de una escalada inesperada”.
En el frente económico, el panorama es de naturaleza escalonada, con efectos directos e indirectos entrelazados. La Agencia Internacional de la Energía señaló que el impacto de esta crisis en el mercado del petróleo es incluso más pesado que la suma de los efectos de los dos shocks petroleros de los años 1970, y en el lado del gas lo supera el impacto de la guerra Rusia-Ucrania. La Organización Mundial del Comercio estima que si los precios del petróleo y el gas se mantienen altos hasta el final del año, el crecimiento del PIB mundial podría caer un 0,3%, y regiones que importan mucha energía como Europa podrían experimentar al menos una pérdida adicional de crecimiento del 1%. Una estimación temprana de Goldman Sachs sugiere que si el conflicto continúa, el PIB de Kuwait y Qatar podría contraerse un 14%, mientras que Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos podrían ver contracciones del 3% y 5%, respectivamente.
Es importante señalar que este panorama no es del todo unilateral, ya que, como cualquier crisis, ha generado ganancias inesperadas para algunas partes. La compañía petrolera saudí Aramco aumentó sus beneficios un 26% en el primer trimestre del año gracias a la subida de precios, ya que pudo redirigir una gran parte de sus exportaciones por el oleoducto de Este a Oeste, sin depender del Estrecho de Ormuz. Este es un ejemplo contundente de cómo la misma crisis puede producir resultados desiguales incluso dentro de la región: los exportadores dependientes del estrecho sufren pérdidas severas, mientras que los productores con rutas alternativas pueden beneficiarse.
Por el lado de la economía de EE. UU., también hay consecuencias tangibles que afectan la vida diaria. La incertidumbre relacionada con la guerra ha empujado los tipos de interés de las hipotecas a 30 años hasta el 6,52%, incrementando los pagos mensuales en aproximadamente $110 en la compra de una vivienda de $400.000. El Banco Mundial, en su informe de este mes, redujo su previsión de crecimiento global para 2026 a 2,5%, el nivel más bajo registrado desde la pandemia de coronavirus. Los sectores de la aviación y el turismo también se han visto gravemente afectados: los vuelos desde Dubái han disminuido en dos tercios y los que salen desde Doha en tres cuartas partes.
Como mencionaste, el riesgo en el frente de la inflación sigue siendo el tema más crítico. El modelado desarrollado por investigadores de la Fed de Dallas muestra que los escenarios en los que el Bósforo permanece cerrado generan una presión alcista significativa sobre la inflación de EE. UU., haciendo más difícil o incluso posponiendo los planes de recorte de tipos de interés de los bancos centrales.
En el frente de la diplomacia regional, todavía hay un atisbo de esperanza; las conversaciones mediadas por Pakistán y el acuerdo de mediados de junio, que de forma explícita pedía poner fin al conflicto, teóricamente siguen en vigor, pero la realidad sobre el terreno va muy por detrás. Esta contradicción—la diferencia entre el marco diplomático en el papel y el conflicto en curso en la práctica—parece destinada a permanecer como un factor decisivo tanto para las economías regionales como para los mercados globales en las próximas semanas.
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