Recientemente descubrí algo: cuando el mercado se mueve un poco, al interpretarse que los flujos de fondos de los ETF y la aversión/riesgo en las acciones estadounidenses van de la mano, algunas personas empiezan a tener “ganas” de hacer clic en esos enlaces raros y extraños. Yo estuve mirando las anomalías de gas durante bastante tiempo y, para ser sincero, cuando veo interacciones con contratos nuevos que aparecen de repente o autorizaciones en lote, es como oler a humo: muy probablemente es otro sitio de phishing intentando aprovechar el “boom”.



¿Por qué yo también me dan ganas? En pocas palabras, no es por esas migajas de un posible airdrop. Es que en mi cabeza aparece una voz que dice: “Esta vez fui lo bastante cuidadoso, seguro que no pasa nada”. Esa esperanza confiada es justo la línea roja más peligrosa. Las frases mnemónicas y las autorizaciones de firma: si las tocas, se acabó. Así que ahora estoy así: cualquier página que me pida que firme o que conecte/clickee una wallet a través de un enlace, primero la detengo y la miro diez minutos. Si me parece raro, la dejo ahí toda una noche sin tocar nada. Mejor ir despacio que tentar ese impulso.
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