Acabo de ver una transacción atascada en el mempool casi dos horas; el gas de prioridad lo ajustaron tres veces antes de que entrara. En realidad, cada vez que hay congestión, la sensación más directa es esta: ves ese estado “pendiente” y parece que estás esperando una luz verde que nunca se pone. Pero lo curioso es que, en ese momento, al revés, puedes entender mejor qué está pasando realmente en la cadena: esas transacciones de alta prioridad, los robots de arbitraje e incluso las operaciones de mezcladores están compitiendo por colarse primero.



Últimamente vuelve a estar muy caliente el debate sobre las monedas de privacidad y los mezcladores. Hay quien piensa que los límites de cumplimiento se están volviendo cada vez más difusos, y hay quien cree que hay que usarlos o, al menos, que se deben seguir usando. Yo, en cambio, creo que cuanto más transparentes se vuelven los datos on-chain, más equipos empiezan a usar formas más discretas de implementar privacidad, como pools de direcciones temporales o enrutamiento por capas. Pero siendo sincero, los detalles técnicos de esto me dicen menos que esas transacciones “sin destinatario” que son anómalas en el mempool: suelen ser una señal de que algún protocolo se está probando en silencio.

Ya, da igual, no me alargo. Al final, cada vez que veo congestión, me quedo más tranquilo: significa que todavía hay gente haciendo trabajo de verdad en la cadena.
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