Puse el grupo en silencio y, de repente, el zumbido que sentía junto al oído desapareció. Para ser sincero, antes llevaba cada día mirando esas propuestas de gobernanza: al final la tasa de participación era de risa. Muchas propuestas se ven desde el principio como si las decidieran los grandes, con cosas como voto por delegación o “autonomía de la comunidad”, pero al final siempre son las mismas voces las que marcan la pauta. Eso de los tokens de gobernanza, dicho sin rodeos, ¿no es más que darte una ilusión de participación?



Las veces que se robaron fondos de puentes entre cadenas, o cuando fallaron los oráculos, la gente al final se quedaba ahí, “esperando la confirmación”, esperando el consenso, y tampoco vi que ningún token de gobernanza pudiera frenar de inmediato todo ese desastre. En fin, total, revolviendo en el grupo no saco nada nuevo. Ahora, en cambio, está todo en calma: mejor me repaso bien la curva de tasas de los préstamos y marco los niveles de liquidación; es más útil que escuchar a la gente discutir en el grupo. A veces, menos lío es lo que más rinde.
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