Acabo de ver un conjunto de registros on-chain de interacciones automáticas de agentes de IA, y la velocidad de ejecución y el enrutamiento de fondos realmente son mejores que los de las personas. Pero hay un paso que me hace dudar un poco: cuando las llamadas a contratos implican “decisiones” en lugar de “ejecución”. Por ejemplo, la elección de un estándar de regalías, o si cierto mercado secundario de un NFT requiere una intervención manual en la liquidez. Lógicamente se podría codificar todo “a prueba de balas”, pero eso, en términos de sentimiento del mercado, al final se convierte en agua estancada. Espejo esférico de reflejos: lo único que ves es tu propia expresión en la cara. La IA puede leer los datos, pero no entiende cuándo la gente cambiará de opinión. Por eso, ahora mismo todavía voy a revisar manualmente el flujo de fondos, para ver si hay direcciones anómalas acumulando órdenes en silencio. Al final, por mucha eficiencia que haya, igual hace falta alguien vigilando esa capa de “zona gris”. La polémica reciente sobre las regalías de los NFT también es parecida: el estándar se fijó, pero las expectativas de los creadores y la psicología de los compradores es imposible que el código lo respalde por completo.

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