En pocas palabras, cuando se aprieta el tema de las tasas de interés, la apetencia por el riesgo se desploma, como un pollo al que le aprietan el cuello: el dinero sale a chorros desde las altcoins, y hasta las posiciones tienen que reducirse. Últimamente estoy vigilando el índice de Miedo y Codicia y la tasa de financiación, y he notado que el ánimo del colectivo es más sincero que el gráfico de velas: cuando el mercado se enfría, en Twitter bajan de golpe esas publicaciones de “fe”, desaparecen la mitad.



La narrativa de las blockchains modulares y la capa DA se ha estado inflando bastante: los desarrolladores van como con café cargado, pero ¿los usuarios? Se quedan con cara de “¿qué?”. En mi entorno, de todos modos, nadie termina usando realmente esas novedades. Con este mecanismo macro que se transmite hacia abajo, la apetencia por el riesgo actúa como un amplificador del sentimiento. Yo, por mi parte, me retraigo primero y luego ya vuelvo a observar cuando la tasa de financiación vuelva a marcar otra vez la pauta.
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