Acabo de echar un vistazo a la distribución de votos de una propuesta de gobernanza y, como era de esperar, otra vez son los grandes tenedores delegados quienes deciden la dirección. En el fondo, los tokens de gobernanza son un “juego de tenedores”: los votos que tienen esos pocos minoristas ni siquiera llegan a contar como una parte significativa. La votación delegada parece democracia, pero al final, entre que se acumula y se concentra, no terminan siendo los mismos pocos gigantes y los participantes del protocolo los que mandan. Los grandes tenedores, gracias al mecanismo de votación lineal, logran apartar fácilmente a los pequeños.



Últimamente también está apretándose el ambiente sobre los movimientos de entrada y salida de fondos: en cuanto sale el tema de subir impuestos en cierta región, mucha gente se pone a pensar en cómo entrar y salir de forma más discreta. Pero, seamos honestos, mientras más se aprieta la normativa, más dispuestos se vuelven los grandes a mantener sus activos profundamente bloqueados en la cadena, y los minoristas ni siquiera pueden huir. Pase lo que pase con las reglas, al final gana quien tiene más dinero.

Lo que aprendí no fueron trucos, sino que esto de la “gobernanza” en realidad no se diferencia mucho del mundo real: al final, todo es trabajar para quienes tienen el control.
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