Acabo de dar una vuelta por las redes sociales y vi otra vez a alguien analizando trazos sobre una gran transferencia on-chain, reaparece el “dinero inteligente”. La verdad: con una dirección anónima basta para adivinar hacia dónde va la cosa; las alteraciones en las billeteras calientes de los exchanges son una señal. Entonces… ¿esas NFT basura que tengo en el monedero y que nadie mira no deberían, al menos, calcularse en términos de probabilidad?



Hablando de NFTs, la liquidez últimamente está realmente helada. El suelo cae como una cascada, pero aun así algunos proyectos comunitarios siguen gritando “fe”. El mecanismo de regalías se reduce una y otra vez: el juego que antes sostenía el precio con el relato ahora es cada vez más difícil. Cuando no consigues vender las órdenes en el libro, cualquier “consenso” no sirve de nada. Tengo manía con este tipo de proyectos: primero reviso si el contrato tiene algún “backdoor”, si se puede modificar… es solo que me preocupa que me traten como a un “idiota/novato” para recortarme como a los peces.

Pero, al final, esta crisis de liquidez en realidad termina subestimando los activos que sí tienen valor: no para que vayas a “comprar a la ciega” (bottom-fishing), sino para recordarte algo—no te aceleres por el FOMO. Bueno, lo dejo aquí: al final, la liquidez es así; lo caliente se enfría, y lo frío también puede quemar.
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