Recientemente, la transparencia de las reservas de los stablecoins vuelve a ser removida y discutida sin parar. La verdad, cada vez que veo este tipo de debates me recuerda la ola de pánicos por retirada de años anteriores. En pocas palabras: si te lo crees, estás tranquilo; si no, ni los estados financieros más transparentes te impiden salir corriendo. Pero el problema es que el pánico de retirada, como un virus, se contagia y no le importa si de verdad estás “sano” o no. Lo mismo pasa con las monedas de privacidad y el mezclador de monedas: la comunidad discute como si fueran a divorciarse, y la sensación de ruptura en los límites de cumplimiento crece cada vez más. A veces de verdad me dan ganas de desinstalar ciertas carteras o intercambios, y dejar que el asunto no me afecte: ojo fuera, corazón tranquilo. Pero si lo pienso bien, cuando te retiras es que renuncias voluntariamente a tu margen de elección y terminas siendo más pasivo. Contener ese impulso es, en el fondo, mantenerse alerta: vigilar de cerca la lógica subyacente y no dejar que las emociones te desvíen.

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