Por cierto, hace poco vi la pelea verbal sobre las regalías de los NFT y ahora hay otra discusión: el equilibrio entre la liquidez del mercado secundario y los ingresos de los creadores. En realidad, yo siempre siento que, si miras las cosas desde otro ángulo, todo se vuelve más simple. Como hace unos días, revisando la disponibilidad de datos, el ordenamiento y la finalidad: no dejes que esos términos te intimiden; agarra una sola línea principal y listo. La cuestión es: ¿dónde están realmente las cosas?, ¿quién las empaqueta primero?, ¿y el último sello, cuenta o no? Dicho de otro modo, es el proceso de “confirmación” en cadena.



Como yo, cada vez que pongo un recordatorio o un límite, en el fondo siento algo sutil. Justo después de configurarlo, por un rato estuve tranquilo: pensé que al fin tenía un buen asidero de control de riesgos. Pero dos días después, vuelvo a darle vueltas: ¿y si el límite es demasiado estricto? ¿Y si me pierdo algo? O si lo dejo demasiado laxo, también me preocupa que salga mal. Es como que ya entiendes los principios del ordenamiento, pero cuando te toca operarlo a ti mismo, sigues sin poder evitar mirar la pantalla y esperar ese sello de “finalidad”. En fin, ya está puesto: si se configuró, se configuró. Tómalo como un colchón para ti y no te la pases ajustando y reajustando.
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