La “imagen” de direcciones, esto de por sí, cuenta aunque sea la mitad. Normalmente, cuando miras las etiquetas on-chain, no falta que te marquen “institución” o “ballena”, pero cuando lo revisas, resulta que quizá ya vendieron todo hace tres meses y la etiqueta no se ha actualizado. En pocas palabras, la caracterización de direcciones es solo una captura estática, con varias capas de retraso entre ella y el flujo real de fondos. Recientemente, interpretan los flujos de fondos de los ETF junto con la preferencia por riesgo de las acciones de EE. UU.; yo también lo sigo, pero seamos sinceros: si solo miras esas etiquetas, ni de lejos se ve si los fondos están planeando trasladarse o retirarse. Mi forma de hacerlo es: las etiquetas como pistas, y no como conclusiones. Si de verdad quieres seguir el flujo de fondos, tienes que combinar dinámicas on-chain en tiempo real y el comportamiento de las transacciones; si no, es como tallar en piedra mientras el barco se mueve. ¿Y tú?

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