最近, al mirar esas etiquetas en los mapas del terreno, las “huellas” de las direcciones se vuelven cada vez más interesantes.



La semana pasada vi un monedero con una etiqueta que decía “ballena”. Entré y resultó ser un bot de esquilmar saldo; la última interacción fue hace medio año. También están esos marcados como “dinero inteligente”, que se mueven más rápido que nadie: no hay forma de saber si están cultivando o especulando.

En realidad, ¿cuánta confianza se puede tener en estas “vistas” de perfil? A veces miras el flujo de fondos de otra gente: cuando llega esa ola de grandes capitales con los ETF, la emoción de todos va detrás. Pero siendo sinceros, el estilo entre minoristas e instituciones no es el mismo; seguir a la ballena no necesariamente te conviene. Mi forma de hacerlo es: tomarlo como referencia, pero al final seguir mi propio ritmo. Acabo de ver también que el Crypto Fear & Greed Index ya está cerca de 70 y, en EE. UU., el ánimo también se está reanimando; pero sigo con lo mismo: las semillas que hay que sembrar ya se sembraron, las plagas que hay que eliminar ya se eliminaron, y el resto queda a la temporada. Confiar en los perfiles no es tan buena idea como confiar en los agujeros en los que tú mismo ya has caído.
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