Últimamente no dejo de darle vueltas a una pregunta: ¿por qué cuando estás en pérdidas flotantes te da vueltas en la cabeza y no puedes dormir bien, y cuando estás en ganancias flotantes tampoco descansas a gusto, temiendo que de repente gire la tendencia? En pocas palabras, es la aversión a la pérdida la que está haciendo de las suyas. Esas pérdidas flotantes son como una espina: se clavan en la carne y no se pueden sacar; mientras que las ganancias flotantes son como tener arena en la mano: cuanto más intentas apretarla para retenerla, más rápido se te escurre. Últimamente todo el mundo habla de los flujos de capital de los ETF y de cómo la preferencia por el riesgo en la bolsa estadounidense afecta a las criptomonedas; hay toda clase de interpretaciones por todas partes, pero yo, en cambio, siento que ir con un poco de retraso me deja ver las cosas con más claridad: espera a que los puntos rojos en el mapa de calor de las emociones se enfríen, y luego vuelve a mirar esas subidas y bajadas bruscas; parece que tampoco es para tanto. En cualquier caso, prefiero ir más despacio: que el mercado no me arrastre. Dormir bien vale más que cualquier otra cosa.

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