Mirar hacia arriba siempre es comparar: sentir envidia, celos y resentimiento; ves que una montaña mira a otra montaña más alta, y la sensación de “desear llegar a la cima” mientras, al final, el caballo muere de cansancio antes de llegar.


Mirar hacia abajo siempre es ver que todo el mundo sufre; de repente te das cuenta de que tu propia aflicción ya no es tan insoportable.
Al final, la vida de una persona no es así: a veces te ríes de los demás, y también eres tú quien termina siendo el motivo de las risas.
No te lo tomes todo demasiado en serio; y ya está.
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