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#广场预测世界杯赢40000U España quiere controlar el partido hasta matarlo, Argentina quiere apretar al final; la Copa del Mundo de los Campeones irá a quien primero provoque el caos
A las 3 a. m. del 20 de julio, hora de Pekín, en el estadio de Nueva Jersey de Nueva York, España y Argentina pelean por la Copa del Mundo de los Campeones. Faltan menos de 72 horas para el pitido inicial y ya se han congregado aficionados de ambos lados en la Costa Este de EE. UU.; en redes sociales, las conversaciones sobre la final superaron hoy los 80 millones de publicaciones.
Las semifinales se jugaron el 16 de julio. El partido de Argentina contra Inglaterra se fue al minuto 55 cuando Inglaterra se adelantó 1-0. Después, Tuchel hizo cambios consecutivos por jugadores defensivos para intentar mantener el 1-0; el resultado llegó en el 85, cuando Enzo empató con un remate lejano. En el tiempo añadido, Lautaro marcó con un cabezazo y se impuso el 2-1 con remontada. En todo el tiempo añadido fueron 4 minutos, y el gol ocurrió en el 92; es decir, cuando quedaban solo los últimos dos minutos del partido, Argentina reescribió el marcador.
El entrenador de Inglaterra, Tuchel, dijo tras el partido: “Hice los cambios para tapar fugas, pero el efecto no fue el ideal. El entrenador tiene que asumir la responsabilidad.” Suena bastante directo.
Kane añadió otra frase: “Después de ponerse por delante, todo el equipo se dedicó a refugiarse. En encuentros de élite no es suficiente. Antes del partido lo repetimos muchas veces: no debía hacerse así, pero decirlo es fácil y hacerlo es realmente difícil.”
En la otra semifinal, España venció a Francia por 2-0. Los datos defensivos de esta España llaman mucho la atención: en 7 partidos solo encajaron 1 gol; seis partidos acabaron con portería a cero. Desde que se creó el Mundial en 1930, antes nunca ningún equipo había logrado completar 6 partidos con portería a cero en una misma edición.
En cuanto a esos datos de “lanza y escudo”, yo creo que mirarlos solo como cifras ya deja clara la atmósfera de esta final. Argentina metió 19 goles en 7 partidos, casi 3 por partido; es el equipo con más goles de esta edición. España encajó solo 1 en 7 partidos, con 0,14 goles concedidos por partido: la defensa más dura. Esto es como tener la lanza más fuerte para abrir la parte más gruesa del escudo.
Ambos equipos se han enfrentado 14 veces en la historia: 6 victorias, 2 empates y 6 derrotas. Nadie logra imponerse de forma contundente. El veterano de España, Albiol, dijo una frase bastante acertada: “Argentina es el rival con el que menos queremos cruzarnos. Saben jugar las peleas duras demasiado bien: se adaptan a cualquier estilo.” Del lado del seleccionador argentino, Scaloni, también le dieron todo el mérito: dijo que España merece respeto, pero enseguida añadió que el objetivo de Argentina es solo ganar. En cuanto a récords, Messi en esta edición ya lleva 8 goles y 4 asistencias; su total de goles en Mundiales es de 21 y 12 asistencias. En ambos apartados, es el número 1 de la historia.
Con 39 años todavía jugando así: en cualquier época que lo mires, da respeto. Después del partido, Kane también fue preguntado por el Mundial dentro de cuatro años y dijo: “Cuatro años es mucho; puede pasar de todo, pero mírate a Messi: sigue manteniendo un nivel top. Por eso no me voy a poner límites.”
Ese tipo de reconocimiento entre rivales tiene más peso que cualquier elogio. Desde mi punto de vista, lo que más asusta de este equipo argentino no es la técnica, sino la mentalidad de los últimos diez o tantos minutos: de sus 19 goles en este Mundial, 12 llegaron después de reponer en el descanso de la segunda parte.
En el partido de dieciseisavos ganaron en la prórroga para eliminar a Cabo Verde; en el 1/8 se midieron a Egipto y el equipo encadenó 3 goles en los últimos diez y tantos minutos para completar una remontada brutal. En semifinales, en los últimos 7 minutos metieron dos para remontar y dar vuelta el partido contra Inglaterra. Siempre actúan en la fase final; eso demuestra que la gente de este equipo tiene una distribución del esfuerzo realmente bien organizada. Y también deja claro que por dentro nunca han entrado en pánico.
La confianza de España está en otro lado; la confianza de España está en otro lado, y en semifinales ante Francia: 63% de posesión, y el porcentaje de pases exitosos rozó el 90%. Las veces que disparó Francia en todo el partido quedaron reducidas a solo 6; de esas, solo 1 a puerta. Ese es el modo de jugar de España: el balón está en mis pies; así que no hay manera de que me metas.
Su edad media es solo de 24,5 años, la más baja entre las cuatro. Su capacidad de correr y la continuidad en la presión alta es mayor que la de los equipos veteranos. Y creo que Pochettino lo dijo muy claro en su análisis antes del partido: en una entrevista definió esta final como un “50-50”, sin un favorito absoluto. Dijo que el control y la posesión de España dominarían el ritmo, pero que el control del ritmo de Argentina también puede ser letal. Sobre cómo defender a Messi, soltó una gran verdad: marcarlo hombre a hombre no es una tarea que se pueda completar; la mejor opción es presionar alto para cortar las rutas de pase del mediocampo hacia Messi.
Estos jóvenes de España juegan con una especie de serenidad de “vieja escuela”: cuando van por delante no se ponen nerviosos; cuando van por detrás no se agobian. Puede que no tengan tantos momentos de gol decisivo como Argentina, porque rara vez dejan que su partido caiga en un callejón sin salida.
Solo encajaron 1 gol en 7 partidos, lo que significa que casi siempre España tomó el mando desde el inicio. Desde ese ángulo, un punto a observar es qué hacen estos jóvenes si en la final primero encajan: es una de las miradas más interesantes. En Argentina pesan varias cifras a lo largo del camino y también cargan con algunos números históricos. Desde 1962, ya han pasado 64 años: ningún equipo puede revalidar la Copa del Mundo de los Campeones. Desde que la FIFA estableció el ranking en 1992, el equipo que llegaba antes del torneo como número 1 del mundo nunca ha ganado el campeonato; Argentina justamente es el número 1 de esta edición.
Desde 2002 con Brasil, los equipos que ganaron todos sus partidos en la fase de grupos no terminaron conquistando el título. Argentina ganó sus tres partidos de grupo. Si juntas estas cosas, en cualquier equipo serían una presión. Pero yo creo que, para un equipo que ya ha remontado tres veces consecutivas en eliminatorias, quizá la presión ya esté neutralizada. En el vestuario, su canción es “Por Léo, la última danza”; no se la están cantando a otros, es una inyección que se están poniendo a sí mismos.
Scaloni dijo tras el partido una frase con bastante peso: “Este equipo siempre trae sorpresas. En cada partido lo damos todo, pero solo después de vivir tantas Copas del Mundo puedes apreciar la mentalidad de los jugadores. Es única, irrepetible.”
La intriga de dentro de tres días, dicho de verdad: en una final así, dos equipos que llegan hasta aquí, cualquier dato histórico solo sirve como referencia. Cuando ya están en el césped, suena el pitido, rueda el balón: gana quien pueda aguantar esos más de 90 minutos sin cometer errores.
Más jóvenes por parte de España, veteranos por parte de Argentina. Uno se apoya en la defensa de conjunto y en el control; el otro en el destello de las estrellas y la resiliencia de los últimos momentos. En mi opinión, lo más valioso de este partido no es quién gana, sino cómo estas dos formas de pensar el fútbol se pelean hasta el final para ver cuál consigue imponer lo propio. España quiere controlar; Argentina quiere romper. Quien primero arrastre al rival a su propio ritmo, toma la iniciativa. Cuando Yamal, de 19 años, y Messi, de 39, están en el mismo estadio, eso ya es en sí una transmisión maravillosa; alguien lo llama una materialización del “relevo generacional”.
Creo que esa frase tiene sentido, pero no te apresures a pasar la página de Messi: todavía no se ha ido. A las 3 a. m. del 20 de julio, hora de Pekín, dentro de tres días, la respuesta saldrá.
A las 3:00 a. m. del 20 de julio (hora de Pekín), en el estadio de Nueva Jersey (Nueva York), España y Argentina disputarán la Copa del Mundo. Faltan menos de 72 horas para el silbato inicial y los aficionados de ambos equipos ya se han concentrado en la Costa Este de EE. UU.; en redes sociales, la conversación sobre la final superó esta mañana los 80 millones de menciones.
Las semifinales se jugaron el 16 de julio. En el partido entre Argentina e Inglaterra, Inglaterra se adelantó 1-0 al minuto 55. Después, Tuchel hizo cambios consecutivos para introducir jugadores defensivos y tratar de aguantar el 1-0; pero en el minuto 85, Enzo empató con un disparo desde lejos. En el tiempo añadido, Lautaro remató de cabeza para el 2-1 y la remontada fue completa. Se añadieron 4 minutos en todo el partido: el gol se produjo en el minuto 92. Es decir, cuando quedaban solo los últimos 2 minutos, Argentina reescribió el marcador. Tras el partido, el entrenador de Inglaterra, Tuchel, dijo una frase: “Hice los cambios para tapar los huecos, pero el efecto no fue el ideal; el entrenador tiene que asumir la responsabilidad.” Eso lo dijo con bastante franqueza.
Kane añadió después: “Tras ponerse por delante, todo el equipo se dedicó a defender a ultranza; en una competición de élite no es suficiente. Antes del partido lo repetimos una y otra vez, que no se puede jugar así, pero decirlo es fácil y hacerlo es lo difícil.”
En la otra semifinal, España venció a Francia 2-0. Los datos defensivos de esta España llaman mucho la atención: en 7 partidos solo encajó 1 gol, con 6 partidos dejando la portería a cero. Desde la creación de los Mundiales en 1930, hasta ahora nunca había habido un equipo que completara 6 porterías a cero en una misma edición.
De fondo, los datos de la lanza y del escudo; yo creo que, mirados solo en cifras, el “talante” de esta final ya es muy evidente: Argentina marcó 19 goles en 7 partidos, casi 3 por partido, y es el equipo que más goles ha hecho en esta edición. España, en 7 partidos, encajó solo 1 gol, con 0,14 goles en contra por partido: la defensa más dura. Es como la lanza más fuerte para perforar el lado más grueso del escudo.
Ambos equipos se han enfrentado 14 veces: 6 victorias, 2 empates y 6 derrotas. Nadie puede imponerse de forma clara. El veterano español Albiol dijo una frase bastante acertada: “Argentina es el rival con el que menos queremos encontrarnos; juegan demasiado bien los partidos duros, se adaptan a cualquier estilo.” Del lado de Scaloni, también dieron el debido respeto: dijeron que España merece respeto, pero enseguida remataron con lo suyo: el objetivo de Argentina es ganar. Y hablando de registros, en esta edición Messi ya lleva 8 goles y 4 asistencias; su total de goles en Mundiales individuales es de 21, y las asistencias, 12. En ambos apartados es el primero de la historia.
Con 39 años todavía puede jugar así; en cualquier década que lo mires, da gusto. Tras el partido, Kane también fue preguntado por el Mundial dentro de cuatro años y respondió: “Cuatro años es mucho tiempo, puede pasar de todo, pero míralo a Messi: sigue manteniéndose en el nivel más alto, así que no me voy a poner límites.” Ese reconocimiento entre rivales pesa más que cualquier cumplido. En mi punto de vista, lo que más impone en el equipo argentino no es la técnica, sino el talante de los últimos diez o tantos minutos. En estos Mundiales, de sus 19 goles, 12 llegaron después de “repostar” en la segunda parte.
En el de 16avos, con prórroga, se sacaron a Cabo Verde y lo dejaron fuera con empuje extra. En los 8vos, contra Egipto, el equipo encadenó 3 goles en los últimos minutos para completar una gran remontada. En la semifinal, en los últimos 7 minutos, metieron dos para darle la vuelta a Inglaterra. Tantos toques tardíos demuestran que la gente de ese vestuario sabe muy bien cómo administrar la energía; y también que, en el fondo, nunca se han puesto nerviosos. El “aire” de España está en otro lado; el aire de España está en la otra parte: en la semifinal contra Francia, la posesión fue del 63% y el porcentaje de acierto en pases se acercó al 90%. A Francia le redujeron los tiros a solo 6 en todo el partido, con apenas 1 entre los tres palos. Este es el modo de juego de España: el balón está en mis pies, y por tanto no puedes hacerme daño.
La edad media de ambos equipos es de solo 24,5 años en el caso de España: son los más jóvenes de los cuatro semifinalistas. Su capacidad de correr y la continuidad de la presión en campo alto son mayores que en equipos veteranos. Y creo que lo que dijo Pochettino en el análisis previo al partido fue muy directo: en una entrevista definió la final como “un 50-50”, sin un favorito absoluto. Dijo que la posesión y el control de España dominarían el ritmo, pero que el control del ritmo por parte de Argentina también es letal. Sobre cómo defender a Messi, soltó una verdad grande: el marcaje individual no es una tarea que se pueda cumplir. La mejor opción es forzar con presión alta y cortar las rutas por las que Messi recibe pases. Los jóvenes de España juegan con una estabilidad de vieja escuela: van sin prisa cuando lideran, y sin ansiedad cuando van por detrás. Quizá no tengan tantas jugadas de “golpe final” como Argentina, porque rara vez se dejan caer en un callejón sin salida.
Encajar solo 1 gol en 7 partidos significa que España casi siempre coge la iniciativa desde el inicio. Desde este ángulo, un punto a observar es cómo responderían estos jóvenes si en la final encajaran primero. Los números que Argentina lleva encima, y que arrastra al caminar: además, están presionando con algunos registros históricos. Desde 1962, han pasado 64 años: ningún equipo ha conseguido defender la Copa del Mundo con el título. Desde que la FIFA estableció el ranking en 1992, el equipo que llegaba preclasificado como número 1 antes del Mundial nunca ha levantado el trofeo; Argentina justo es el número 1 de esta edición.
Después de Brasil en 2002, ninguno de los equipos que ganó el grupo con puntaje perfecto terminó llevándose el título. Argentina ganó su grupo con 3 victorias en 3 partidos. Si juntas estas cosas, sobre cualquier equipo son presión. Pero yo creo que, para un equipo que ya ha remontado en la fase eliminatoria tres veces seguidas, quizá la presión sea algo que ya tienen “inmunizado”. En el vestuario cantan: “Por Leo, la última danza”. Esa frase no es para que la oiga la gente de fuera; es una inyección que se ponen ellos mismos.
Tras el partido, Scaloni dijo una frase con bastante peso: “Este equipo siempre trae sorpresas. En cada partido lo damos todo; pero solo después de vivir tantas ediciones del Mundial es cuando entiendes la mentalidad de los jugadores, única e irrepetible.”
La incógnita de tres días después: dicho sin rodeos, en una final como esta, que dos equipos lleguen hasta aquí hace que cualquier dato histórico solo sirva de referencia. Cuando ya están en el campo, cuando pita el árbitro y el balón rueda, el ganador es el que aguanta esos más de 90 minutos sin equivocarse.
España tiene más jóvenes, Argentina tiene veteranos marcando el rumbo. Uno se apoya en el bloque defensivo y la posesión/control; el otro, en el brillo de las estrellas y la resistencia en los últimos instantes. En mi opinión, lo más valioso de este partido no es quién gana, sino qué manera de pensar el fútbol llega hasta el final siendo capaz de sacar “su” cosa. España quiere controlar; Argentina quiere reventar el partido. Quien logre arrastrar el ritmo del rival al suyo toma primero la iniciativa. Cuando en el mismo césped están Yamal con 19 años y Messi con 39, por sí mismo ya es una transmisión curiosa. Hay quien dice que es la concreción de un “relevo generacional”.
Creo que esa frase tiene sentido, pero no te apresures a pasar la página de Messi: aún no se ha ido. A las 3:00 a. m. del 20 de julio (hora de Pekín), dentro de tres días, la respuesta saldrá.