En lo que respecta al colapso de la economía en los juegos de cadena, la verdad es que últimamente me he quedado con la boca abierta. Las huellas de direcciones de los estudios se ven una tras otra impecables y brillantes: el volumen de transacciones y el número de interacciones al máximo, pero cuando revisas la retención, resulta que todo son robots de “minar-intercambiar-vender”. Dicho claro: las etiquetas de direcciones pueden ayudarte a filtrar lo evidente de que son “ladrones”, pero algunos “usuarios” cuyos datos on-chain lucen tan perfectos como reales, al final no dejan de ser la misma espiral de inflación: cuando se desploma el precio de la moneda, el TVL se rompe al instante con él.



También he actualizado mi forma de pensar varias versiones. v1.0 era solo mirar el precio: si subía, gritaba “papá”; v2.0 aprendí a mirar los datos on-chain y creí que podía analizar algo de fondo; ahora en v3.0, en cambio, soy más prudente: por muy bonitos que se vean los datos, también hay que preguntarse si detrás hay usuarios reales que sigan usando el sistema de manera constante, y si el motor de crecimiento en realidad se sostiene a base de subsidios. Total, aunque uno se haga el terco, de todos modos lo que haya que sumar a la posición, se suma; solo hay que estar con los ojos abiertos para que no te engañen con “bonitas” etiquetas e imágenes de direcciones.
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