En la tercera vez que lo vi, otra vez estaban hablando del tema de “qué es exactamente lo que gobierna un token de gobernanza”. La verdad, en los modelos de tokens que he desarmado estos años, lo de las votaciones por delegación cada vez se parece más a una broma. Los grandes acumulan los votos y los delegan todos a las exchanges o a los market makers; luego esas instituciones, con varios millones de votos, solo tocan un “yes” y la propuesta sale adelante. Con las migajas que tiene la gente pequeña, directamente nadie se las toma en cuenta. A veces ni siquiera se molestan en leer el contenido de la propuesta: simplemente siguen todo un proceso guiado por recomendaciones. Esto no es gobernanza; es “elegir un mayordomo obediente”.



Lo de las liberaciones de la participación (staking) se ha estado sacando a relucir una y otra vez recientemente, y en realidad creo que esto y la vacuidad de la gobernanza son dos caras de la misma moneda: los votos bloqueados se prestan y se usan en una especie de muñeca rusa; cuando se desbloquean, vuelve la ansiedad por la presión vendedora. En pocas palabras, el token de gobernanza no se ha convertido en una herramienta de poder; al contrario, se ha transformado en un juguete para los grandes.

Yo, por mi parte, cada vez que veo a los equipos de proyecto gritar “gobernanza descentralizada”, me salta el reflejo de revisar la distribución de la delegación. No sé si es una impresión mía.
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