#WarshSaysFedDecidesIfAIInflation


El “paradójico” enfoque de la IA en la Fed: la apuesta calculada de Warsh sobre el futuro económico de EE. UU.

Hay una tensión peculiar en el aire cuando un presidente de la Reserva Federal se presenta ante el Congreso y, esencialmente, le dice al mercado: “Sí, esto en lo que todos ustedes están apostando hará subir los precios, pero no es mi problema a menos que yo decida que lo es”.

El testimonio de Kevin Warsh esta semana reveló algo mucho más matizado que la cautelosa opacidad típica de un banquero central. En sus propias palabras: “No considero que un cambio único en los precios sea necesariamente inflacionario… Si eso es inflacionario o no, eso depende de la Reserva Federal, y vamos a tener algo que decir al respecto”.

El auge de la inversión en IA: un arma de doble filo

Warsh no está ciego ante lo que está ocurriendo. Las cifras son asombrosas: cientos de miles de millones fluyendo hacia centros de datos, fabricantes de chips corriendo para ponerse al día y gigantes tecnológicos de Apple a Microsoft aumentando en silencio los precios de todo, desde laptops hasta consolas de videojuegos. Las actas de reuniones de la Fed reconocen lo que todo el Silicon Valley ya sabe: la “demanda sostenida y fuerte de infraestructura de IA probablemente mantendría una presión al alza en los precios de los productos tecnológicos y la electricidad”.

Sin embargo, aquí es donde Warsh se aparta de la multitud presa del pánico. Él no lo ve como una amenaza, sino como un momento bisagra en la historia. El hombre que llama a la inflación “un impuesto para el pueblo estadounidense” y promete convertirla en “algo del pasado” también está apostando a que esa misma presión de precios terminará disolviéndose en ganancias de productividad.

Warsh llegó al cargo prometiendo exactamente lo que está entregando: una reconfiguración fundamental de cómo la Fed piensa sobre la inflación. Ha reunido cinco grupos de trabajo para desarmar todo, desde la estrategia de comunicación de la Fed hasta las propias fuentes de datos que utilizan para medir la estabilidad de precios. Cuando se le preguntó cómo determinará si la inflación es “temporal o permanente”, su respuesta fue casi desesperantemente propia de Warsh: “Usas cinco grupos de trabajo para llegar a las preguntas grandes y difíciles”.

Esto no es evasión. Es un cambio deliberado respecto a la formulación de políticas de reacción inmediata que ha caracterizado la historia reciente de la Fed. Warsh está incorporando paciencia institucional en un sistema que a menudo ha sido acusado de reaccionar en exceso o llegar demasiado tarde.

El paradojo del empleo

Quizás lo más revelador sea la visión de Warsh sobre el empleo. Aunque reconoce que la IA será “disruptiva en el mediano plazo”, se muestra optimista sobre el futuro inmediato: predice la creación de empleo en el corto plazo a medida que las empresas construyen infraestructura. Es una admisión sorprendentemente franca de que las transiciones tecnológicas crean ganadores antes de crear perdedores, y de que el trabajo de la Fed no es impedir la disrupción, sino gestionar sus consecuencias económicas.

Tolerancia cero, pero también victoria cero

Incluso cuando los datos del IPC de junio mostraron la primera caída mensual en seis años—bajando de 4,2% a 3,5% anual—Warsh no aceptó la victoria fácil. “Son todas mediciones imperfectas”, advirtió. El hombre que “no tiene tolerancia para una inflación persistentemente elevada” tampoco tiene paciencia para una celebración prematura.

Para inversores, traders y cualquiera que esté observando la economía: Warsh está señalando una Fed que será simultáneamente más remota en su orientación y más intervencionista cuando decida actuar. El auge de la IA no disparará automáticamente subidas de tasas—pero tampoco recibirá un pase gratis. La decisión, como dejó claro Warsh, depende por completo de la Fed.

Y, en última instancia, ese es el punto. En una era de trading algorítmico y análisis de mercado impulsado por IA, el presidente de la Fed está recordándole a todos que el juicio humano sigue estando en el centro de la política monetaria. Las máquinas quizá estén transformando la economía, pero no han reemplazado a los humanos que deben decidir qué significa esa transformación para el precio de todo lo demás.
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