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El CPI no falló: por qué el dato de “inflación fresca” de junio cambia poco

La Oficina de Estadísticas Laborales publicó el informe del CPI de junio el martes por la mañana, y las cifras principales parecían demasiado buenas para ser verdad. El CPI subyacente marcó 2,7% interanual, por debajo del 2,8% esperado y menor que el 2,9% de mayo. ¿Inflación general? En realidad cayó 0,1% mes a mes, marcando la primera lectura mensual negativa desde el pánico de la pandemia de abril de 2020. La tasa anual de inflación general bajó de 4,2% a 3,8%.

Los mercados celebraron. Los rendimientos del Tesoro se desplomaron. El 10 años cayó 7,4 puntos básicos hasta 4,205%, mientras que el 2 años—un indicador más fiable de la política de la Fed—se hundió casi 12 puntos básicos hasta 4,511%. Los futuros del S&P 500 pasaron a terreno positivo. Las probabilidades de una subida de tipos para julio, que rondaban alrededor del 50%, se redujeron considerablemente.

Pero aquí está la incómoda verdad enterrada bajo la superficie: este “fallo” no cambia el cálculo de la Fed de forma significativa.

Hablemos claro sobre qué impulsó este “enfriamiento”. Los precios de la energía se desplomaron—-5,7% mes a mes, la mayor caída desde los confinamientos de la COVID. Los precios de la gasolina retrocedieron a medida que las tensiones geopolíticas en Oriente Medio se aliviaran temporalmente y los mercados del petróleo encontraron cierta estabilidad.

Esto no es desinflación. Es deflación en un componente volátil que la Fed elimina explícitamente al fijar la política. La Fed no apunta al CPI general. Apunta al PCE subyacente y, más importante, le importa la tendencia de las presiones inflacionarias subyacentes, no los choques puntuales de energía.

La realidad “pegajosa” de los servicios subyacentes

Si se eliminan alimentos y energía, el panorama luce mucho menos optimista. La inflación de servicios subyacentes—la categoría que realmente importa para la política monetaria—sigue obstinadamente elevada. Los costos de vivienda continúan su ascenso implacable. El seguro de auto, que había mostrado señales de moderación con una caída de 1,7% en mayo, sigue subiendo con fuerza frente a los niveles anteriores a la pandemia. Servicios médicos, matrícula, suscripciones—estos precios no se reajustan cada mes. Se reajustan anualmente, o a veces nunca.

Esa es la inflación de la que el presidente Kevin Warsh advirtió al Congreso solo unas horas después de la publicación del CPI. “Hay mucho trabajo por hacer”, declaró, comprometiéndose a alcanzar el objetivo del 2% de la Fed. El mensaje fue inequívoco: un dato suave de CPI no constituye una tendencia.

La Reserva Federal se encuentra en una posición cada vez más delicada. Las actas de la FOMC de junio revelaron un comité profundamente dividido. Nueve de 18 miembros indicaron que preferían al menos una subida de tipos este año si la inflación persiste por encima del objetivo. Mientras tanto, los mercados habían estado descontando posibles recortes para inicios de 2027—antes de que el conflicto en Oriente Medio reavivara temores de inflación.

El gobernador Christopher Waller cristalizó el dilema de la Fed el lunes, al afirmar que el banco central podría necesitar subir las tasas “en el corto plazo” si los datos muestran que la inflación sigue muy por encima del objetivo. Su mensaje: la Fed no debería ser “acomodaticia”.

La reacción inmediata del mercado de bonos—enviando los rendimientos a la baja—refleja alivio, no convicción. Los traders están recalculando la probabilidad de una subida en julio, pero no están descontando recortes. El rendimiento del 2 años en 4,5% todavía implica que la tasa de fondos de la Fed estará muy por encima de los niveles actuales hasta fin de año.

Para los inversores, la lección es clara: no confundas un dato con una tendencia. Los precios de la energía pueden caer tan rápido como suben. La inflación de vivienda, los costos de los seguros y el poder de fijación de precios del sector de servicios no se ajustan de la noche a la mañana. La Fed lo dejó absolutamente claro: necesita evidencia sostenida de enfriamiento—no un solo dato suave—para cambiar de rumbo.

El CPI de junio fue un respiro bienvenido. Pero para cualquiera que esperara que la Fed declarara victoria y se pivotara a recortes, la espera continúa. El objetivo del 2% sigue lejano. Y en los pasillos del Eccles Building, la lucha contra la inflación está lejos de terminar.
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