Para resolver el problema de “comer lo suficiente”, la India es prácticamente un genio.



La India descubrió que 1 jin (500 gramos) de carne equivale a 20 jin de cereal. Si no comes carne, esas 20 jin de cereal bastan para llenar el estómago de 20 personas.

En realidad, esto es una lógica de bajo nivel para domesticar el deseo humano con el costo mínimo de supervivencia: no te enseña cómo hacer crecer el pastel, sino cómo llenar el estómago.

Así que cuando miras los puestos callejeros en la India, esas salsas de curry espesas y viscosas con solo unas láminas de pan plano, pueden hacer que un hombre adulto se vaya satisfecho. Las especias convierten papas baratas y frijoles en una especie de “saciedad con sabor”: cada bocado te dice que no necesitas algo mejor, solo necesitas que sea más picante.

Pero el verdadero genio no está en “ahorrar comida”, sino en que, una vez que este sistema funciona, se convierte por sí mismo en un círculo cerrado. Creces comiendo curry; al llegar a la adultez, el deseo por la carne disminuye de forma natural, e incluso empiezas a sentir que la carne huele mal, que es cara y que no es limpia. No necesitas coerción, ni sermones morales: la lengua hará la elección por ti, y esa elección resulta ser justamente la de menor costo.

Recuerdo que vi un documental sobre los barrios marginales de Bombay. Una madre, con una pizca de especias, media cebolla y unos cuantos pimientos verdes, preparó una gran olla de curry de frijoles para toda la familia. Los niños comían con la frente llena de sudor y, riendo, decían: “Es lo más delicioso que existe”. En ese momento no podías decir que no eran felices, pero en el fondo tenías claro que esa “felicidad” se debe a que no hay con qué compararse.

Quizá sea solo un caso, pero sí refleja una realidad: cuando los recursos son extremadamente escasos, reducir el deseo y optimizar la asignación es igual de importante. La India no es que no tenga capacidad para producir carne; es que, mediante un dispositivo cultural, convierte “no comer carne” en “una elección más inteligente”.

Esto me recuerda algo que dijo un amigo: el hambre es el mejor condimento.

Y el curry, es el acompañamiento fijo del hambre.
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