Hoy me dio por hacer algo para comer.


Salteé brócoli con patata y pollo de pechuga de pollo.
Vi que todavía quedaban unos cuantos chiles en el refrigerador, así que también los eché.
¿Quién iba a saber que esos chiles estaban tan picantes que te matan? No se podía comer esa olla de comida.
Después, frente al escritorio del ordenador, también se me cayó la mano y volqué una Coca-Cola.
Lo entendí.
Ya lo comprendí.
Hoy soy un poco “mala suerte”.
No es de extrañar que, apenas me levanté, perdí.
Compras y cae; vendes y arruina; agarras y te atrapan.
Lo entiendo.
Así es la vida, supongo.
Ahora mismo, al momento, salgo a comer y a pescar.
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