Duro hasta la madrugada para ver la semifinal entre España y Francia, y al terminar solo me queda la impresión de lo impactante que fue: para nada siento que haya valido la pena trasnochar. En todo el partido, España llevó el juego de posesión al máximo: el mediocampo controló con firmeza el ritmo, cada pase y cada conexión fueron fluidos y sedosos, y se limitó por completo el rendimiento de Mbappé. Francia lo tuvo muy difícil para armar ataques efectivos.



En el primer tiempo, abrió el marcador con un penal; en la segunda mitad, mantuvo la estabilidad y marcó de nuevo, ganando 2-0 y avanzando con solvencia a la final. El rejuvenecido once de este equipo es realmente deslumbrante: balance en ataque y defensa, y un historial de más de treinta partidos sin perder que, sin duda, está totalmente justificado. En contraste, Francia tuvo las ofensivas constantemente limitadas, no logró mostrar la capacidad de golpeo con la que antes solía contar, y quedar eliminada en semifinales es, la verdad, una lástima.

Después de ver el partido, me costó mucho conciliar el sueño. Por un lado, me conmovió la poderosa coordinación del equipo de España; por el otro, espero la final que viene. Es raro ver una confrontación de tan alta calidad, y sacrificar un poco de sueño por poco tiempo completamente vale la pena. Ahora me dispongo a echar una siesta: a esperar el duelo por el título final.
#Mundial2026
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