Hermano, antes del partido miraba a Francia,



y lo que se veía era el empuje de la banda de Mbappé, de Dembélé,

y también se veía que, si Francia aceleraba,

el partido podía cambiar de golpe.

Pero al final, en la cancha,

España sostuvo el ritmo.

Rodri se llevó el balón en el mediocampo con mucha solidez,

Pedri y Fabián se ofrecían y salían al paso una y otra vez,

Francia no pudo robar y construir conversiones cómodas de forma continua.

Mbappé en este partido estuvo un poco aislado,

y Dembélé tampoco logró romper con tantos puntos explosivos seguidos.

Al contrario, del lado de España,

Lamine sí se atreve: toma la pelota y entra con decisión,

y Nico abre el ancho del carril, manteniéndolo muy amplio.

El punto en el que el hermano se equivocó fue:

sobreestimó el espacio que Francia tendría para lanzarse,

y subestimó la dureza con la que España controla el partido.

Francia tiene un cuchillo,

pero España no les dejó sacarlo.

En este partido, hermano, se da por perdido.
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