Una idea: después de comprar o vender, en realidad no hace falta quedarse atorado en el precio todo el tiempo. Tanto si se te “escapa” la venta como si compras caro, en el momento puede sentirse muy incómodo; pero mientras el precio siga cambiando en uno o dos días, esa sensación se debilita rápido. Lo que normalmente consume de forma continua a la gente suele ser el arrepentimiento, el miedo y también el orgullo momentáneo por una subida repentina.



Después de vender, si sube, piensas que vendiste mal; después de comprar, si baja, empiezas a dudar de ti. Al día siguiente, si de pronto rebota, te parece que todo está bien. Las emociones van siguiendo al precio, y es fácil quedar atrapado en las fluctuaciones de uno o dos días. Más bien deberíamos invertir energía en entender y repasar: cuál fue la causa raíz de esta subida y de esta bajada.
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