La negociación, en realidad, es una puerta estrecha


Cuando se llega a la mediana edad, recién se entiende:
negociar no es solo ganarse la vida, sino también cultivar la mente.

Cuanto más difícil es la sociedad, más gente se abre paso hacia aquí.
Todos creen que el umbral es muy bajo;
sin embargo, no saben que la puerta es ancha y el camino es amplio… pero todo conduce a un callejón sin salida.

La negociación nunca engaña a nadie.
Solo refleja la naturaleza humana más auténtica.
Codicia, ira, ignorancia, pereza y duda: si no se supera una sola barrera, no se avanza ni un paso.

De cada diez, nueve mueren y uno sobrevive.
No es que el mercado sea implacable;
es que la mayoría queda atrapada en sus deseos y no puede entrar por esa puerta estrecha.

Yo, después de 29 años de negociación, lo comprendí del todo:
la puerta ancha busca el beneficio y termina en la ruina del ruido;
la puerta estrecha cultiva la mente y se avanza en silencio.

Entra por la puerta estrecha, recorre un camino largo, encuentra una luz tenue… y solo así se llega al final verdadero.

Si te identificas, sígueme y reflexionemos juntos sobre el camino de la negociación.
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