Un amigo de él encontró a alguien a quien pedirle prestado.


El motivo es que le pesa la hipoteca y quiere montar algún negocio por su cuenta; no quiere seguir yendo a trabajar.
Pidió prestado no mucho: 120.000. El proyecto elegido eran cosas como pollo asado, pato asado y rollitos.
Sus condiciones fueron: redactar un pagaré, dejar claro el interés; si no pudiera pagarlo, usaría la casa para saldar la deuda, él se encargaría de venderla, descontaría 120.000 y el resto se lo daría a su amigo.
El resultado fue el de siempre: se dieron vuelta y rompieron la relación.
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