El “gran tiburón” que llevaba exactamente siete años en silencio hoy de repente se removió. La escena resulta demasiado familiar, como si fuera el mismo molde que aquellos viejos artilugios “de la era antigua” que despertaron el verano pasado: cada vez que un “dinero antiguo” de este nivel se mueve, el mercado tiene que temblar tres sacudidas.



En serio, con este panorama, el sentimiento ya está congelado hasta el punto de no poder más; el índice de miedo ya casi toca el suelo. Esta ballena se deshizo de casi 3000 monedas de un solo golpe enviándolas a los exchanges: cualquiera que entienda lo ve claro, o es para asegurar ganancias y salir por la puerta grande en la parte alta, o es una maniobra interna para reacomodar posiciones. Pero sea cual sea el caso, en esencia es un gran capital distribuyendo/“soltando” liquidez; la poca demanda compradora que queda para asumir el relevo ni siquiera alcanza para llenar el espacio.

En este tipo de mercado débil, cualquier “zona de soporte” o “límite psicológico” es papel mojado. El gran dinero sigue extrayendo sangre del tablero, y el precio está tan frágil como vidrio. Mi punto de vista es muy directo: quien se meta a “recoger el fondo” a corto plazo, es quien termina yendo a rellenar el hueco. El desplome de esta ballena no es más que el plato de entrada; lo más probable es que después venga una tanda de grandes actores corriendo a la vez. Cuando el pánico se encienda de verdad, ahí sí que será pelea de cuchillo y acero.

Con el sentimiento en este estado, el fondo no se logra en un solo paso. Yo creo que esta presión vendedora todavía tiene que digerirse durante varios meses; el fondo verdadero está más abajo esperándonos. En cuanto a la operativa, es una sola frase: manos inquietas, cortar las manos; ojos rojos, cerrar los ojos. Esperar con calma a que el precio se estabilice por sí mismo. Entrar ahora no es más que buscarse un mal rato. #美伊战争阴云再起
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