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#伊朗宣布关闭霍尔木兹海峡 El rugido del Estrecho: 12 de julio de 2026
I. Introducción: cuando “temporal” se convierte en “hasta nuevo aviso”
El 12 de julio de 2026, un domingo cualquiera, quedó grabado en la historia por el rugido de un único episodio en el Estrecho de Ormuz.
A primeras horas de la madrugada, la Marina de los Guardias Revolucionarios Islámicos de Irán emitió un comunicado: el Estrecho de Ormuz se cerrará a partir de ese momento, hasta nuevo aviso, y hasta que Estados Unidos deje de intervenir en la región. Ningún buque podrá transitar. Después, el Mando Central del Ejército de EE. UU. anunció el inicio de la tercera ronda de ataques contra Irán esta semana. Desde varios puntos de Irán, como Bushehr, Asaluyé y Puerto Abbas, se reportaron explosiones.
Un estrecho por el que circula aproximadamente una quinta parte del comercio petrolero mundial quedó cerrado de la noche a la mañana. El mercado extrabursátil del crudo se disparó: en el mercado extrabursátil de Nueva York el crudo subió 3,27% y el Brent en el mercado extrabursátil avanzó 3,10%. Los mercados de criptomonedas volvieron a desplomarse y 58.200 personas en todo el mundo fueron liquidadas.
Esto no fue una escalada menor. Fue un choque estratégico a la vista de todos.
II. Estrecho de Ormuz: del “cobro en ciclos” al “cierre total”
(I) La chispa: un buque mercante y un misil
El motivo directo del incidente fue un buque portacontenedores que enarbolaba la bandera de Chipre. Según lo declarado por Irán, varios barcos intentaron cruzar el Estrecho de Ormuz por rutas no autorizadas por el lado iraní, ignorando avisos y alertas sobre la necesidad de corregir el rumbo. Uno de esos buques apagó el sistema de identificación automática; entonces, los Guardias Revolucionarios Islámicos de Irán lanzaron un misil de crucero, lo impactaron y obligaron a detenerse. El ataque provocó la desaparición de un tripulante, el buque se incendió, la sala de máquinas sufrió daños graves y no pudo continuar navegando.
Después, los Guardias Revolucionarios anunciaron el cierre del estrecho.
Pero el relato de Estados Unidos fue completamente distinto. Funcionarios estadounidenses afirmaron que esta reactivación del fuego esta semana se debió a que, dentro del bando de los duros en Irán, un “grupo incontrolable” intentó sabotear el acuerdo de alto el fuego. Estados Unidos exigió que Irán hiciera una declaración pública para mantener el Estrecho de Ormuz abierto y se comprometiera a no atacar buques mercantes, como condición central para continuar las negociaciones.
Un buque, un misil, dos relatos totalmente opuestos: la verdad, en los fuegos, siempre es lo primero que se sacrifica.
(II) De “tarifa de servicio” a la actualización estratégica de “cierre total”
Si se repasa el último mes, la postura de Irán sobre el tema del Estrecho de Ormuz dio un salto claro en tres etapas:
Primera etapa: cobro. El embajador de Irán en China, Fàzri, ya lo había dejado claro en Beijing: planeaba imponer una “tarifa de servicio” a los barcos que transitaran por el Estrecho de Ormuz.
Segunda etapa: disparos de advertencia y detenciones selectivas. En la última semana, los Guardias Revolucionarios de Irán realizaron en varias ocasiones disparos de advertencia y detuvieron embarcaciones “que violaron” la normativa.
Tercera etapa: cierre total. A las primeras horas del 12 de julio, Irán dejó de distinguir entre barcos “en regla” y “fuera de regla”: todos los barcos quedarían impedidos de transitar.
La lógica de esta escalada era evidente: Irán entendió que el Estrecho de Ormuz se había convertido en un instrumento diplomático con más peso que el propio problema nuclear. Tal como señaló un análisis, después de que el memorando de entendimiento sobre el alto el fuego no llegara ni a un mes, los dos países volvieron a enfrentarse por el control del estrecho: la razón de fondo era que Trump quería presionar a Irán para que firmara un acuerdo cuanto antes, mientras que Irán buscaba más margen de negociación.
(III) El dilema de Trump: faltan cartas
Irán se atrevió a ser tan contundente porque había calado las cartas de Trump.
Por un lado, los precios internacionales del petróleo han caído con fuerza desde los máximos de mayo: 35% menos, y las acciones estadounidenses encadenan máximos históricos, lo que reduce el peso de las preocupaciones de Trump y le da margen para intensificar las amenazas militares. Pero, por otro lado, Trump quiere bajar los precios de la gasolina y la inflación para mejorar la percepción pública y el panorama de las elecciones de medio mandato, y aun así no quiere asumir el riesgo de que muchas tropas estadounidenses sufran bajas en una invasión terrestre a Irán.
Lo más decisivo es que el nuevo máximo líder de Irán, Mujtaba, acaba de consolidar el poder. El funeral de Estado del fallecido máximo líder Jamenei mostró una unidad inédita en la opinión pública del país, y aun bajo la presión diplomática estadounidense, asistieron representantes de casi cien países. Mujtaba emitió una declaración por escrito diciendo que buscará “venganza” por Jamenei y por los fallecidos. Un Irán que acaba de culminar la transferencia de poder, con la opinión pública encendida y un juramento de venganza por parte del líder, no cederá fácilmente bajo presión.
Para que Trump rompa la “táctica del aplazamiento” de Irán, solo le queda forzarlo con la guerra. Pero el “forzar con la guerra” presupone que la otra parte cree que realmente vas a llegar hasta el final; e Irán, obviamente, no lo cree.
II. Se agrava la “esquizofrenia” de los mercados financieros
El oro mostró una trayectoria impactante esta semana, pero finalmente quedó casi plano: cayó menos de 2% en la semana y el precio cerró en torno a 4.120 dólares por onza. En cuanto sube el precio del petróleo, la ansiedad del mercado por la inflación aumenta: el rendimiento de los bonos del Tesoro de EE. UU. a 10 años llegó a superar 4,58%, arrastrando al oro a la baja.
Cuando llegó la noticia del cierre del Estrecho de Ormuz, el mercado extrabursátil del crudo se disparó en línea recta. Las criptomonedas, vistas como un indicador del apetito por el riesgo, se desplomaron: Bitcoin y Ethereum cayeron 0,60%. Un mismo mundo, activos distintos con precios distintos: el mercado se ha fragmentado hasta el punto de no poder ofrecer una reacción unificada ante una misma situación.
En las últimas previsiones publicadas el 12 de julio, el FMI redujo la expectativa de crecimiento económico global para 2026 y, al mismo tiempo, elevó la proyección de inflación general hasta 4,7%. El fantasma de la “estanflación” de los años 70 del siglo pasado regresa sigilosamente en el verano de 2026.
III. Cuando el estrecho puede cerrarse en una sola noche
El 12 de julio de 2026, el mundo muestra un panorama inquietante:
En Ormuz, un estrecho que transporta la quinta parte del comercio petrolero mundial puede cerrarse en cuestión de horas. La seguridad energética internacional ya no depende del equilibrio entre oferta y demanda ni de los mecanismos de mercado, sino de una frase de los Guardias Revolucionarios: “hasta nuevo aviso”.
En Ankara, el último cónclave de la cumbre de la OTAN acaba de terminar: lo que queda para el mundo es un revólver, una declaración conjunta de las más breves de la historia, y una alianza que ni siquiera quiere comprometerse con la fecha de la próxima reunión.
En Washington, la Reserva Federal por primera vez incluye la IA como catalizador de la inflación. El banco central más importante del mundo duda entre “subir tasas” y “no subirlas”, mientras la inflación ya ha llegado al 4,7%.
Todos los anclajes del antiguo orden —el anclaje energético de Ormuz, el anclaje de seguridad de la OTAN, el anclaje de tasas de la Reserva Federal y el anclaje de la confianza en las relaciones entre grandes potencias— tiemblan a la vez e incluso se rompen. Y, sin embargo, el contorno del nuevo orden aún no aparece.