Después de años de trading he llegado a entender que la verdadera felicidad no es el arrebato momentáneo de ver el saldo en máximos, sino esa calma serena que aparece tras atravesar las vicisitudes. Es la seguridad y la serenidad que sientes cuando construyes tu propio sistema de trading. Sabes que, mientras sigas haciendo lo correcto (siguiendo tu sistema), los buenos resultados (ganancias) llegarán de forma natural. Ya no te obsesionas con el resultado de cada operación, sino que te centras en que el proceso sea correcto. Cuando tu atención deja de estar en el “dinero” y pasa a estar en el “hacer las cosas bien”, la ansiedad desaparece y en su lugar surge el placer de crear y una paz interior.



El trading es como un viaje sin destino; lo importante no es solo a dónde llegas al final, sino qué paisajes viste en el camino y en qué clase de persona te convertiste. Esas K-lines que fluyen, al final, se transforman en una proyección externa de tu mundo interior. Cuando tu mente está tranquila, amplia y serena, lo que ves deja de ser solo la subida o la caída de los precios y se convierte en el ritmo y la cadencia de la vida. En ese momento te das cuenta de que tu trading ya no trata de dinero: trata de tu vida.
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