El evento de Gate nos vuelve a recordarnos que las bolsas siempre deben elegirse de las grandes, no de las pequeñas, incluso si tienen un nivel medio-alto de ingresos.


Porque la relación entre el usuario y la bolsa cambia en cualquier momento. Cuando puedes seguir generándole ganancias por comisiones, entonces están del mismo lado, en el mismo barco, y “con el mismo pantalón puesto”. En ese momento, sus intereses están fuertemente vinculados; prácticamente cualquier cosa se puede negociar y también resolver sin problemas.
Pero una vez que tus intereses se vuelven opuestos a los de ellos, es inevitable empezar a forcejear, a pelearse, y acabar metiéndose en todo tipo de relaciones confusas y sin sentido.
La ventaja de elegir una gran bolsa es que tiene suficiente dinero; tu capital para la gran bolsa es insignificante, solo son “pequeñeces”. Por lo tanto, las probabilidades y situaciones en las que sus intereses choquen son extremadamente bajas.
Pero si eliges una bolsa de segunda o tercera línea, no hace falta pensarlo: incluso un cliente “mediano-grande” relativamente grande, con mucha probabilidad terminará siendo una de las mayores fuentes de capital dentro de esa bolsa. En ese momento, sus intereses son totalmente opuestos; así que el resultado, sin duda, será tú mueres y yo vivo.
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