Para las transferencias de fondos transfronterizas, lo que más quita el sueño es básicamente dos cosas: una, que de repente bloqueen la tarjeta; y dos, que el dinero no llegue a tiempo en el camino. Antes, usando tarjetas bancarias tradicionales, si se trataba de importes un poco mayores o se hacían varias transferencias seguidas, con que se chocara con un endurecimiento del control de riesgo, la cuenta se convertía en “un bloque de hielo” en segundos. Y qué decir de esos canales grises con orígenes poco claros: ahorraban tres o cinco monedas, pero al final incluso se perdía el capital.

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