Observación tras ver la película de fútbol femenino de Kung Fu:



Al principio del filme, por un momento me quedé algo atónita.
Me pareció que el ritmo estaba disperso, y que los diálogos se salían de lo común,
hasta que en silencio pensé: ¿será que no se ajusta al gusto de hoy?
No fue hasta que escuché las risas que los niños no podían contener en el cine,
con juegos y alborotos que se sucedían en la sala, cuando de pronto lo entendí: —esta película no está hecha para nosotros, ya tan adultos y curtidos—, sino para cada adulto que guarda en el fondo de su corazón, ese niño que aún cree en lo imaginativo, que se atreve a soñar sin límites.
Solo mirando la técnica cinematográfica, quizá no consiga puntuaciones altas.
Pero así es el mundo que describe Stephen Chow: absurdo, lleno de energía y con un romanticismo de espíritu infantil.
Él no ha cambiado; ¡lo que cambia somos nosotros al crecer!
La frialdad y el calor del mundo, las vicisitudes humanas, han hecho que nuestros ojos ya no estén tan nítidos; ya no podemos ver con claridad esta sencilla y sincera emoción.
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