El mejor estado de una persona


Más o menos consiste en vivir con seriedad, mientras, a escondidas, todo lo que te gusta te va curando.

Cuando uno llega a cierta edad, descubre que esas personas que viven con mucha garra no es que no tengan preocupaciones ni cansancio; más bien, saben cómo construir anclas de felicidad con las cosas que les gustan, y encontrar en el gusto su propia alegría y fuerza.

A alguien le gusta cuidar flores: en realidad no cuida las flores, sino una calma aficionada a convertir lo cotidiano en poesía, una serenidad que no necesita que el tiempo le apure.

A alguien le gusta tomar té: va cociendo la vida hasta convertirla en infusión, y así diluye en el corazón esas preocupaciones que no se pueden explicar ni decir con claridad.

A alguien le gusta leer: no hace ruido, no presume, pero te da en este círculo tan agitado una pizca más de lucidez y menos de obediencia ciega.

A alguien le gusta escribir: no entrena solo caracteres, sino un gozo propio, una calma sin prisa, un ir con tranquilidad y sin agobio.
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