El criterio para saber si alguien es amable no es “que te traten bien”, sino “que lo haga igual donde tú no puedes verlo”.


No te dejes engañar por una apariencia de suavidad: mira cómo trata a los camareros, a los desconocidos y a los más débiles.
La verdadera gente amable tiene límites constantes y no cambia de “personaje” según a quién le toque.
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